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29 DE MAYO

LAS ETAPAS DE NUESTRA VIDA CRISTIANA

DIOS NOS GUÍA CON PACIENCIA PARA DEJAR ATRÁS LA VIEJA VIDA Y RECIBIR CON GOZO AQUELLO EN LO QUE NOS CONVERTIREMOS EN CRISTO.

FILIPENSES 1.5-7

El camino de cada cristiano es único. Sin embargo, ciertas etapas de crecimiento deberían ser comunes a todos los hijos de Dios. Por ejemplo:

El Señor desea enseñar a los nuevos creyentes principios básicos que les sirvan como fundamento. Lo hace por medio de otros creyentes, de su Palabra y de las circunstancias de la vida.

Dios nos permite servirle. Fuimos creados para hacer buenas obras, lo cual se evidencia cuando lo glorificamos (Ef 2.10).

El Señor nos permite experimentar una “incapacidad frustrante”. Es decir, nos lleva al punto en que reconocemos que no podemos lograr nada de verdadero valor sin su guía y su poder.

Para que la libertad sea una realidad, el Padre confronta a sus hijos con aquello que los mantiene cautivos. Dios nos permite enfrentar dificultades con su ayuda. A medida que nos rendimos a Él y buscamos su perspectiva, Él obra para liberarnos.

El Señor nos enseña a “intercambiar nuestra vida” (Ga 2.20). Nuestra naturaleza pecaminosa fue crucificada con Cristo, y su vida se manifiesta en nosotros cuando nos entregamos a Él.

Al reflexionar, identifique dónde Dios actúa en su vida. Él es paciente y fiel; entréguese al Espíritu Santo para que lo moldee a la semejanza de Cristo.

BIBLIA EN UN AÑO: NEHEMÍAS 11-13

CHARLES F. STANLEY.

CAMINEMOS ESTE DÍA TOMADOS DE LA MANO DE NUESTRO PODEROSO DIOS.

NOS FALTAN 213 DÍAS PARA TERMINAR DE LEER TODA LA BIBLIA
 
 
MAYO 25
 
 
 

MARCOS 16.

Cuando pasó el día de reposo,  María Magdalena,  María la madre de Jacobo,  y Salomé,  compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana,  el primer día de la semana,  vinieron al sepulcro,  ya salido el sol. Pero decían entre sí:  ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron,  vieron removida la piedra,  que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro,  vieron a un joven sentado al lado derecho,  cubierto de una larga ropa blanca;  y se espantaron. Mas él les dijo:  No os asustéis;  buscáis a Jesús nazareno,  el que fue crucificado;  ha resucitado,  no está aquí;  mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id,  decid a sus discípulos,  y a Pedro,  que él va delante de vosotros a Galilea;  allí le veréis,  como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro,  porque les había tomado temblor y espanto;  ni decían nada a nadie,  porque tenían miedo. Habiendo,  pues,  resucitado Jesús por la mañana,  el primer día de la semana,  apareció primeramente a María Magdalena,  de quien había echado siete demonios. Yendo ella,  lo hizo saber a los que habían estado con él,  que estaban tristes y llorando. Ellos,  cuando oyeron que vivía,  y que había sido visto por ella,  no lo creyeron. Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino,  yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros;  y ni aun a ellos creyeron. Finalmente se apareció a los once mismos,  estando ellos sentados a la mesa,  y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón,  porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo:  Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado,  será salvo;  mas el que no creyere,  será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen:  En mi nombre echarán fuera demonios;  hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes,  y si bebieren cosa mortífera,  no les hará daño;  sobre los enfermos pondrán sus manos,  y sanarán. Y el Señor,  después que les habló,  fue recibido arriba en el cielo,  y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos,  saliendo,  predicaron en todas partes,  ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían.  Amén.

GALATAS 6.

Hermanos,  si alguno fuere sorprendido en alguna falta,  vosotros que sois espirituales,  restauradle con espíritu de mansedumbre,  considerándote a ti mismo,  no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros,  y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo,  no siendo nada,  a sí mismo se engaña. Así que,  cada uno someta a prueba su propia obra,  y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo,  y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga. El que es enseñado en la palabra,  haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye. No os engañéis;  Dios no puede ser burlado:  pues todo lo que el hombre sembrare,  eso también segará. Porque el que siembra para su carne,  de la carne segará corrupción;  mas el que siembra para el Espíritu,  del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos,  pues,  de hacer bien;  porque a su tiempo segaremos,  si no desmayamos. Así que,  según tengamos oportunidad,  hagamos bien a todos,  y mayormente a los de la familia de la fe. Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano. Todos los que quieren agradar en la carne,  éstos os obligan a que os circuncidéis,  solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley;  pero quieren que vosotros os circuncidéis,  para gloriarse en vuestra carne. Pero lejos esté de mí gloriarme,  sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo,  por quien el mundo me es crucificado a mí,  y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada,  ni la incircuncisión,  sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla,  paz y misericordia sea a ellos,  y al Israel de Dios. De aquí en adelante nadie me cause molestias;  porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. Hermanos,  la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu.  Amén.

SALMO 118.

Alabad a Jehová,  porque él es bueno;
  Porque para siempre es su misericordia. Diga ahora Israel,
  Que para siempre es su misericordia. Diga ahora la casa de Aarón,
  Que para siempre es su misericordia. Digan ahora los que temen a Jehová,
  Que para siempre es su misericordia. Desde la angustia invoqué a JAH,
  Y me respondió JAH,  poniéndome en lugar espacioso. Jehová está conmigo;  no temeré
  Lo que me pueda hacer el hombre. Jehová está conmigo entre los que me ayudan;
  Por tanto,  yo veré mi deseo en los que me aborrecen. Mejor es confiar en Jehová
  Que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová
  Que confiar en príncipes. Todas las naciones me rodearon;
  Mas en el nombre de Jehová yo las destruiré. Me rodearon y me asediaron;
  Mas en el nombre de Jehová yo las destruiré. Me rodearon como abejas;  se enardecieron como fuego de espinos;
  Mas en el nombre de Jehová yo las destruiré. Me empujaste con violencia para que cayese,
  Pero me ayudó Jehová. Mi fortaleza y mi cántico es JAH,
  Y él me ha sido por salvación. Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos;
  La diestra de Jehová hace proezas. La diestra de Jehová es sublime;
  La diestra de Jehová hace valentías. No moriré,  sino que viviré,
  Y contaré las obras de JAH. Me castigó gravemente JAH,
  Mas no me entregó a la muerte. Abridme las puertas de la justicia;
  Entraré por ellas,  alabaré a JAH. Esta es puerta de Jehová;
  Por ella entrarán los justos. Te alabaré porque me has oído,
  Y me fuiste por salvación. La piedra que desecharon los edificadores
  Ha venido a ser cabeza del ángulo. De parte de Jehová es esto,
  Y es cosa maravillosa a nuestros ojos. Este es el día que hizo Jehová;
  Nos gozaremos y alegraremos en él. Oh Jehová,  sálvanos  ahora,  te ruego;
  Te ruego,  oh Jehová,  que nos hagas prosperar ahora. Bendito el que viene en el nombre de Jehová;
  Desde la casa de Jehová os bendecimos. Jehová es Dios,  y nos ha dado luz;
  Atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar. Mi Dios eres tú,  y te alabaré;
  Dios mío,  te exaltaré. Alabad a Jehová,  porque él es bueno;
  Porque para siempre es su misericordia.

2 SAMUEL 23.

Estas son las palabras postreras de David.
  Dijo David hijo de Isaí,
  Dijo aquel varón que fue levantado en alto,
  El ungido del Dios de Jacob,
  El dulce cantor de Israel: El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,
  Y su palabra ha estado en mi lengua. El Dios de Israel ha dicho,
  Me habló la Roca de Israel:
  Habrá un justo que gobierne entre los hombres,
  Que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana,
  Como el resplandor del sol en una mañana sin nubes,
  Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra. No es así mi casa para con Dios;
  Sin embargo,  él ha hecho conmigo pacto perpetuo,
  Ordenado en todas las cosas,  y será guardado,
  Aunque todavía no haga él florecer
  Toda mi salvación y mi deseo. Mas los impíos serán todos ellos como espinos arrancados,
  Los cuales nadie toma con la mano; Sino que el que quiere tocarlos
  Se arma de hierro y de asta de lanza,
  Y son del todo quemados en su lugar. Estos son los nombres de los valientes que tuvo David:  Joseb-basebet el tacmonita,  principal de los capitanes;  éste era Adino el eznita,  que mató a ochocientos hombres en una ocasión. Después de éste,  Eleazar hijo de Dodo,  ahohíta,  uno de los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que se habían reunido allí para la batalla,  y se habían alejado los hombres de Israel. Este se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó,  y quedó pegada su mano a la espada.  Aquel día Jehová dio una gran victoria,  y se volvió el pueblo en pos de él tan sólo para recoger el botín. Después de éste fue Sama hijo de Age,  ararita.  Los filisteos se habían reunido en Lehi,  donde había un pequeño terreno lleno de lentejas,  y el pueblo había huido delante de los filisteos. El entonces se paró en medio de aquel terreno y lo defendió,  y mató a los filisteos;  y Jehová dio una gran victoria. Y tres de los treinta jefes descendieron y vinieron en tiempo de la siega a David en la cueva de Adulam;  y el campamento de los filisteos estaba en el valle de Refaim. David entonces estaba en el lugar fuerte,  y había en Belén una guarnición de los filisteos. Y David dijo con vehemencia:  ¡Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta! Entonces los tres valientes irrumpieron por el campamento de los filisteos,  y sacaron agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta;  y tomaron,  y la trajeron a David;  mas él no la quiso beber,  sino que la derramó para Jehová,  diciendo: Lejos sea de mí,  oh Jehová,  que yo haga esto.  ¿He de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida?  Y no quiso beberla.  Los tres valientes hicieron esto. Y Abisai hermano de Joab,  hijo de Sarvia,  fue el principal de los treinta.  Este alzó su lanza contra trescientos,  a quienes mató,  y ganó renombre con los tres. El era el más renombrado de los treinta,  y llegó a ser su jefe;  mas no igualó a los tres primeros. Después,  Benaía hijo de Joiada,  hijo de un varón esforzado,  grande en proezas,  de Cabseel.  Este mató a dos leones de Moab;  y él mismo descendió y mató a un león en medio de un foso cuando estaba nevando. También mató él a un egipcio,  hombre de gran estatura;  y tenía el egipcio una lanza en su mano,  pero descendió contra él con un palo,  y arrebató al egipcio la lanza de la mano,  y lo mató con su propia lanza. Esto hizo Benaía hijo de Joiada,  y ganó renombre con los tres valientes. Fue renombrado entre los treinta,  pero no igualó a los tres primeros.  Y lo puso David como jefe de su guardia personal. Asael hermano de Joab fue de los treinta;  Elhanán hijo de Dodo de Belén, Sama harodita,  Elica harodita, Heles paltita,  Ira hijo de Iques,  tecoíta, Abiezer anatotita,  Mebunai husatita, Salmón ahohíta,  Maharai netofatita, Heleb hijo de Baana,  netofatita,  Itai hijo de Ribai,  de Gabaa de los hijos de Benjamín, Benaía piratonita,  Hidai del arroyo de Gaas, Abi-albón arbatita,  Azmavet barhumita, Eliaba saalbonita,  Jonatán de los hijos de Jasén, Sama ararita,  Ahíam hijo de Sarar,  ararita, Elifelet hijo de Ahasbai,  hijo de Maaca,  Eliam hijo de Ahitofel,  gilonita, Hezrai carmelita,  Paarai arbita, Igal hijo de Natán,  de Soba,  Bani gadita, Selec amonita,  Naharai beerotita,  escudero de Joab hijo de Sarvia, Ira itrita,  Gareb itrita, Urías heteo;  treinta y siete por todos.

2 SAMUEL 24.

Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel,  e incitó a David contra ellos a que dijese:  Ve,  haz un censo de Israel y de Judá. Y dijo el rey a Joab,  general del ejército que estaba con él:  Recorre ahora todas las tribus de Israel,  desde Dan hasta Beerseba,  y haz un censo del pueblo,  para que yo sepa el número de la gente. Joab respondió al rey:  Añada Jehová tu Dios al pueblo cien veces tanto como son,  y que lo vea mi señor el rey;  mas  ¿por qué se complace en esto mi señor el rey? Pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab y sobre los capitanes del ejército.  Salió,  pues,  Joab,  con los capitanes del ejército,  de delante del rey,  para hacer el censo del pueblo de Israel. Y pasando el Jordán acamparon en Aroer,  al sur de la ciudad que está en medio del valle de Gad y junto a Jazer. Después fueron a Galaad y a la tierra baja de Hodsi;  y de allí a Danjaán y a los alrededores de Sidón. Fueron luego a la fortaleza de Tiro,  y a todas las ciudades de los heveos y de los cananeos,  y salieron al Neguev de Judá en Beerseba. Después que hubieron recorrido toda la tierra,  volvieron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días. Y Joab dio el censo del pueblo al rey;  y fueron los de Israel ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada,  y los de Judá quinientos mil hombres. Después que David hubo censado al pueblo,  le pesó en su corazón;  y dijo David a Jehová:  Yo he pecado gravemente por haber hecho esto;  mas ahora,  oh Jehová,  te ruego que quites el pecado de tu siervo,  porque yo he hecho muy neciamente. Y por la mañana,  cuando David se hubo levantado,  vino palabra de Jehová al profeta Gad,  vidente de David,  diciendo: Ve y di a David:  Así ha dicho Jehová:  Tres cosas te ofrezco;  tú escogerás una de ellas,  para que yo la haga. Vino,  pues,  Gad a David,  y se lo hizo saber,  y le dijo:  ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra?  ¿o que huyas tres meses delante de tus enemigos y que ellos te persigan?  ¿o que tres días haya peste en tu tierra?  Piensa ahora,  y mira qué responderé al que me ha enviado. Entonces David dijo a Gad:  En grande angustia estoy;  caigamos ahora en mano de Jehová,  porque sus misericordias son muchas,  mas no caiga yo en manos de hombres. Y Jehová envió la peste sobre Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado;  y murieron del pueblo,  desde Dan hasta Beerseba,  setenta mil hombres. Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla,  Jehová se arrepintió de aquel mal,  y dijo al ángel que destruía al pueblo:  Basta ahora;  detén tu mano.  Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Arauna jebuseo. Y David dijo a Jehová,  cuando vio al ángel que destruía al pueblo:  Yo pequé,  yo hice la maldad;  ¿qué hicieron estas ovejas?  Te ruego que tu mano se vuelva contra mí,  y contra la casa de mi padre. Y Gad vino a David aquel día,  y le dijo:  Sube,  y levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo. Subió David,  conforme al dicho de Gad,  según había mandado Jehová; y Arauna miró,  y vio al rey y a sus siervos que venían hacia él.  Saliendo entonces Arauna,  se inclinó delante del rey,  rostro a tierra. Y Arauna dijo:  ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo?  Y David respondió:  Para comprar de ti la era,  a fin de edificar un altar a Jehová,  para que cese la mortandad del pueblo. Y Arauna dijo a David:  Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere;  he aquí bueyes para el holocausto,  y los trillos y los yugos de los bueyes para leña. Todo esto,  oh rey,  Arauna lo da al rey.  Luego dijo Arauna al rey:  Jehová tu Dios te sea propicio. Y el rey dijo a Arauna:  No,  sino por precio te lo compraré;  porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada.  Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. Y edificó allí David un altar a Jehová,  y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz;  y Jehová oyó las súplicas de la tierra,  y cesó la plaga en Israel.